El vampiro está en el aire en el año 123 d. D. (después de ‘Drácula’)

Bela Lugosi en el 'Drácula' de Tod Browning (1931).
Bela Lugosi en el ‘Drácula’ de Tod Browning (1931).

 

El vampiro está en el aire. Además de la exposición sobre el legendario personaje que recala en CaixaForum en Barcelona desde el 30 de octubre hasta enero (Vampiros. La evolución del mito), y de que llega Halloween, y de que se prohíbe ir de noche por las calles, y de que hay una plaga, es noticia la reciente aparición de un interesantísimo ensayo sobre las tenebrosas criaturas ávidas de sangre, El vampiro. Una nueva historia (Desperta Ferro, 2020). Su autor es el británico de 52 años Nick Groom, profesor de Literatura inglesa educado en Oxford y que tras enseñar en las universidades de Exeter, Bristol y Stanford lo hace en la de Macao.

Especialista en la narrativa gótica y la subcultura del mismo nombre (se le conoce familiarmente como prof of Goth y tiene un ensayo sobre Nick Cave), colaborador del Time Literary Suplement, Groom resigue en su libro, publicado originalmente en Yale University Press en 2018, la historia cultural del vampiro, que, recalca, tal y como lo entendemos hoy nació cuando la razón ilustrada chocó con el folclore de Europa oriental en el siglo XVIII. Así, para el especialista, nuestros vampiros, seres muy específicos dentro de la categoría genérica de los no muertos, forman parte del mundo moderno, son criaturas de la Ilustración, y se originaron como producto del razonamiento empírico, cuando se les trató como seres reales objeto de estudio. Mucho de lo que percibimos de contradictorio (ya a la vez fascinante) en el mito proviene de ese cruce entre vieja superstición y moderna ciencia que está en su raíz.

Groom traza su historia entre la vampirología clásica de resucitados estacados en las aldeas eslavas y las metamorfosis contemporáneas del personaje (Coppola, Stephenie Meyer, Salem’s Lot, las bandas The Damned, Bauhaus o Inkubus Sukubus, o los gamberros chupasangres de Lo que hacemos en las sombras, que le encantan), concediendo una importancia seminal a la publicación del Drácula de Bram Stoker, hasta el punto de que fecha la historia vampírica con la referencia del antes o después de Drácula. Así, estaríamos en el 123 d. D., una época, apunta Groom, de superabundancia de vampiros, un verdadero Vampiroceno.

A la pregunta de este diario de qué son los vampiros hoy tras tantas metamorfosis, y que papel juegan en la contemporaneidad, Nick Groom responde: “Ciertamente se han metamorfoseado en diferentes áreas, desde los aristocráticos predadores inspirados en Drácula a los varios vampiros verdes que sobreviven con sustitutos de sangre o gracias a los suministros de bancos de sangre o centros de transfusión, o los estilo pasarela de una diseñadora como Susie Cave (la esposa de Nick Cave), The Vampire’s Wife. La razón de está longevidad es que los vampiros son criaturas físicas (corpóreas):no son fantasmas ni espíritus, sino criaturas vivas, aunque con una biología extraña, tienen un metabolismo, y necesitan nutrición. Así que, aunque son muy cercanos al ser humano, son no humanos, y, por lo tanto, nos permiten reflexionar acerca de lo que nos hace humanos”.

Una escena del 'Drácula' de Coppola.
Una escena del ‘Drácula’ de Coppola.

 

¿Qué es lo último en vampiros? “Regularmente aparecen nuevas permutaciones, docenas de filmes y series deben estar a punto de lanzamiento o en producción, y todas tienen una deuda enorme con el Drácula de Bram Stoker (1897). Actualmente, estoy investigando varias historias que preceden a esa novela. Pero como vampiro contemporáneo, el de BBC-Netflix de Drácula (2020) es bastante bueno”. Groom no cree que haya un cierto empacho (y valga la palabra) de vampiros en la actualidad. “Absolutamente no, como decía, simplemente basta con observar la cantidad de nuevas películas, libros (lo que yo llamo V-Lit, literatura de vampiros), comics, etcétera. ¡Aún no hemos llegado al tope vampírico!”.

El estudioso justifica haber escrito una nueva historia de los vampiros: “Dado que la sociedad cambia, hacemos frente a nuevos desafíos, y los vampiros son lo que denomino experimentos mentales cambiantes que pueden ayudarnos a entender nuevos aspectos de la salud, la ciencia y la humanidad”. De manera sintética, ¿Cuáles serían los momentos fundamentales en la evolución del mito del vampiro? “Los vampiros fueron descubiertos cuando la ciencia de la Ilustración se encontró con el folclore del Este de Europa en la década de 1720. Aunque había historias sobre chupasangres anteriores, el vampiro como lo conocemos hoy fue nombrado por primera vez y descrito a inicios del siglo XVIII. Se convirtió entonces en metáfora política y filosófica, al igual que en enigma teológico (eran una prueba de lo sobrenatural y de la vida después de la muerte), antes de entrar finalmente en la ficción literaria -en la que destaca la gran influencia de la historia corta de John Polidori El Vampiro, de 1819-. Siguió una auténtica vampiromanía en literatura y teatro que culminó con el Drácula de Bram Stoker en 1897. Así que las fechas clave son la década de 1720, 1819 y 1897”.

En tiempos de pandemia ¿tienen los vampiros algo especial que decir o significar? “Oh, ¡absolutamente! De hecho, con un colega, el profesor William Hughes, hemos organizado un congreso on line titulado CoronaGothic: culturas de la pandemia. Mi propia aportación fue sobre Vampiros virales y describía cómo pensar en vampiros ofrece una perspectiva de la pandemia. El miércoles di una versión más larga con el título La vampirología de la Covid-19: el folclore del contagio (https//londonmonthofthedead.com/vampirologyofcovid19.html)”. En su libro, Groom aborda el tema de la infección vampírica y la asociación del vampirismo con el contagio de enfermedades. ¿Qué relación ha habido históricamente entre vampiro y plaga? “De eso es de lo que hemos hablado dos días en el congreso y, en buena parte, de lo que trata mi libro. Los vampiros fueron chivos expiatorios de los contagios inexplicables, particularmente de aquellos que se propagaban de forma sorprendentemente rápida y sin causa aparente, y que no tenían síntomas obvios”.

La serie Drácula que ha mencionado mezclaba al archivampiro con el Sida. “Si, me pareció muy bueno. No era la primera vez que se relacionaba al vampiro con el Sida, por supuesto: el excelente filme de Tony Scott El ansia (1983, con Catherine Deneuve, David Bowie y Susan Sarandon), tiene un claro eco de esa enfermedad”.

Klaus Kinski e Isabal Adjani en el remake de 'Nosferatu' de Herzog.
Klaus Kinski e Isabal Adjani en el remake de ‘Nosferatu’ de Herzog.

 

Cambiando de tercio, el Drácula de Coppola actualizó el mito romántico del vampiro. ¿Interesa ese aspecto todavía hoy? “Sí, adoro la película de Coppola y la historia de amor de fondo que añade. El impacto visual del filme es maravilloso, e incluye muchas referencias intrigantes a la magia del cine. ¡Tengo que volver a verlo!”. ¿Cuál es la importancia de la novela de Stoker en el mito del vampiro?, ¿era consciente el escritor de la condición refundacional de su obra? “Sí, definitivamente. Sostengo en mi libro que realmente todo lo anterior conduce a Drácula y luego el tema experimenta una verdadera explosión a partir de la novela y el personaje. Los vampiros hoy son vampiros d. D., después de Drácula. De hecho, tenía la intención de tratar Drácula como la típica obra de ficción de vampiros del XIX, pero es en realidad la culminación de décadas de V-Lit. Stoker pasó muchos años investigando para la novela y puso una gran cantidad de documentación en ella”.

Groom destaca algunas características poco conocidas de Drácula, como el hecho de que es una novela moderna, y no un cuento gótico, que pone énfasis en la tecnología, en las innovaciones médicas y muchos otros elementos que sorprendían a los lectores del momento por su gran novedad… “Así es, fue alabada por su mirada futurista. Incluía rifles, cámaras, grabadoras, telégrafo, psiquiatría y, por supuesto, transfusiones médicas de sangre. Stoker está sugiriendo que el mundo moderno es él mismo extraño y misterioso, dominado por fuerzas invisibles que pocos comprenden, algo muy parecido a lo que sucede hoy con Internet, el wifi, los móviles, las redes sociales…”.

¿Cree Groom que la carga sexual del vampiro ha sido sobrevalorada en detrimento de otros elementos fundamentales del mito? Por otro lado, ¿es posible separar al vampiro de su carga sexual? “El aspecto sexual está sin duda ahí, pero me parece que es una forma muy obvia de acercarse a los vampiros. En 1819 se volvieron seductores, pasaron a ser eróticos a lo largo del siglo XIX (muy a menudo como vampiresas), y sexuales en el siglo XX (sobre todo a través de las películas de terror). Pero el aspecto sexual es más interesante entenderlo como metáfora de otras cosas: en el XIX fue metáfora del capitalismo, en el XXI es una metáfora de la identidad, del estatus social y del poder político”.

El profesor de literatura y experto en vampiros Nick Groom.
El profesor de literatura y experto en vampiros Nick Groom.TONY KOORLANDER / CHRIS CHAPMAN

 

Otro aspecto del Drácula de Stoker que el estudioso recalca en su libro es la relación del conde con el dinero y la economía. ¿Drácula como encarnación de los fondos de inversión turbios, de la especulación inmobiliaria (adquiere propiedades como Carfax House y otro inmueble en Picadilly), del capitalismo en las sombras? ¡Muy sugestivo! “Hay mucho contar y no solo conde [juego de palabras en inglés con Count y count]. Karl Marx usó repetidamente imágenes de vampiros para describir la alienación y explotación del capitalismo, pero no fue el primero, es una característica del XIX emplear la figura del vampiro para atacar banqueros e inversores. Es por supuesto muy sugerente para el vampiro de hoy: no son extraños monstruos sobrenaturales. Drácula mismo es un experto en importación y exportación, en el sistema legal (Harker dice que el conde hubiera hecho un buen abogado), en especulación inmobiliaria, en infraestructuras de transporte, etcétera. Manipula esos sistemas y se infiltra en ellos como un hacker hoy puede romper claves y acceder a datos confidenciales, o como un virus informático que puede hacer caer un ordenador central”.

¿Cuál es el momento favorito de Groom en Drácula? “Probablemente cuando persiguen a Lucy Westenra convertida en la bloofer lady de ultratumba, y la matan. Muy extraño, muy impactante…”.

Sobre la confusa pero fecunda relación de los vampiros y Drácula con el voivoda histórico Vlad Tepes, el historiador señala: “Creo que es una relación que se ha exagerado. Stoker era apenas consciente de ella y no forma parte de la literatura de vampiros del XIX ni de la génesis de Drácula. Sin embargo, una vez las historias alrededor de Vlad Tepes fueron conocidas una conexión con el conde Drácula era inevitable, y Vlad Tepes devino parte del amplio espectro del vampiro”.

 

La sangre es vida

“La sangre es vida”, dice el vampiro. ¿Sigue siendo la metáfora tan poderosa? “Sí, la sangre es misteriosa, a la vez omnipresente y tabú. Después de escribir mi libro me involucré en un proyecto llamado Doctor Drácula con un epidemiólogo y un grupo de teatro. La ciencia de la sangre es extraordinaria: una gota de sangre puede proporcionar no solo DNA sino información preciosa de tu existencia: ejercicio, dieta, ambiente en el que vives, e incluso esperanza de vida. Así que combinamos mi trabajo sobre vampiros con ciencia médica y los actores dramatizaron varios episodios de ficciones de vampiros como una manera de animar al público a hacerse algunos test y donar sangre”.

La relación de los vampiros con la música contemporánea es muy intensa. “Es un asunto interesante. Probablemente tiene más que ver con el estilo y la imaginería gótica que con otra cosa. The Dammned y Bauhaus usaron referencias vampíricas en su música y a la vez se disfrazaron, y ayudaron a establecer la escena Gótica para bandas posteriores y en general para el mundo de la moda. Es un look muy cool y puede adaptarse de distintas maneras. Se ha vuelto perenne”.

Dada la exposición en CaixaForum parece oportuno preguntarle a Groom cuál considera que es la más relevante plasmación plástica del vampiro. “Probablemente el cuadro Amor y dolor de Evard Munch, conocido después como El Vampiro (1893-5), aunque hay sombras de vampirismo en muchas pinturas…”.

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