BREVE TRATADO
DE LA
ESTUPIDEZ HUMANA

El economista que definió las cinco leyes infalibles de la estupidez humana

El perro del hortelano ni comía ni dejaba comer, y los estúpidos perjudican a los demás sin obtener a cambio ningún beneficio. Esa es la regla de oro de la estupidez humana que el economista italiano Carlo Maria Cipolla enunció a mediados de los años setenta, pero que sigue vigente hoy: la estulticia es atemporal. Su breve texto es de las grandes piezas de filosofía satírica de la segunda mitad del siglo XX, que avisaba a los lectores sobre el gran peligro social que suponen los estúpidos. Se entiende, claro está, que ni Cipolla ni el propio lector será uno de ellos, aunque la estadística diga lo contrario.
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Tontos cultos

Para los falsos sabios, la pasión por conocer es frágil y descafeinada, ornamental, porque la conciben como algo separado de la vida
CONTÉ LA anécdota en esta columna hará un par años, pero ocurrió hace más de diez. Por entonces yo preparaba un libro sobre la Transición y fui a visitar a Santiago Carrillo, eterno secretario general del PCE y uno de los arquitectos del cambio de la dictadura a la democracia. Hablamos durante horas mientras el viejo dirigente comunista fumaba un cigarrillo tras otro. En cierto momento le pregunté si él también pensaba, como tantos, que Adolfo Suárez había sido un político inculto. Carrillo se quedó mirándome; luego dio una calada a su cigarrillo. “¿Dice usted que
ha sido profesor universitario?”, me preguntó. Un poco perplejo, contesté que sí. Carrillo prosiguió: “Entonces habrá conocido usted a muchos tontos cultos, ¿verdad?”. Sonreí. Carrillo también sonrió. “Pues Suárez era todo lo contrario”, concluyó.
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